domingo, 7 de marzo de 2010

Entrevista a "Los Amantes Tristes"

LOS AMANTES TRISTES es una novela a tres voces entre las que destaca Antonio, un personaje que representa las mejores intenciones y más altos valores del ser humano tales como la amistad sincera, el miedo a la tentación, la atracción, la lealtad y el amor mismo, pero que, al crecer, descubre cómo se traiciona a sí mismo y a su mejor amigo, Jean Charles.

LOS AMANTES TRISTES es una de esas pocas novelas en las que cabe la opción de imaginar una entrevista con sus personajes, ya que la concreción de ideas es tal que da un juego perfecto para dicha acción, seleccionando párrafos literales de entre sus magníficas líneas. Como si de un escenario vivo se tratara, imagino a Ofelie, a Jean Charles y a Antonio, sentados, conversando frente a mí, con esa confidencialidad que sólo dan las cosas compartidas, en un juego de preguntas y respuestas:

- ¿Somos conscientes de nuestras vidas?
Vivimos mirando sombras al fondo de la caverna, mientras la realidad pasa a nuestras espaldas. Pantallas, siempre pantallas. Sentados delante de la pantalla del televisor, de la pantalla del ordenador, de la pantalla del cine; conectados a amores invisibles, enganchados a sombras, incapaces de darnos la vuelta, porque la luz ahí fuera nos cegaría - contesta Jean Charles.

-¿Puede, a veces, la vida ser tu aliada?
Derrotas a la vida, o la vida te derrota a ti. Es muy simple - increpa Ofelie,

-¿Perdonaríais una traición?
Si es sincero el sentimiento siempre querría encontrar una excusa para perdonar - es Antonio quien responde.

- ¿Amistad o amor?
Los griegos creían que la amistad era más sublime que el amor porque sólo se daba entre hombres, mientras que el amor también podía acontecer con las mujeres, esos seres inferiores destinados a parir. El amor era algo utilitario para perpetuar la especie y la amistad, un lujo que nos hacía semejantes a los dioses - replica Jean Charles .

- ¿Crees en el amor único y eterno? (Jean Charles sonríe)
Para nosotros, todos nuestros amores son grandes amores, simplemente porque son nuestros. Con el amor se ama a aquello que nadie más amaría. Sin embargo, el amor va andando por caminos minados: en la ciudad se muere de agobio y en el campo de aburrimiento. El amor es un ideal y los ideales raramente salen bien.

- Háblame de la amistad. (Jean Charles, como si fuese él el único entrevistado, contesta)
Los amigos son la única razón para seguir viviendo. Cierto es que a los amigos se les elige, a los padres no.

- Es evidente que todos llevamos en nosotros mismos una parte bohemia, esa parte que nos llama a la música, a la pintura, a la poesía; de igual forma que a todos nos gusta ser filósofos del tiempo que nos tocó vivir ¿no creéis?
En mi país no abundan los grandes compositores de música clásica, aunque sí los genios populares. Es una tierra de pintores y novelistas. De filósofos no; para eso llueve demasiado poco. Y donde llueve, la lluvia nos hace poetas. El filósofo trata de entender a Dios. Al poeta solo le interesa engatusarlo - Jean Charles, siguió llevando el testigo en su mano, ajeno a todo relevo.

- ¿Qué reloj mide vuestro tiempo?
El reloj se inventó para unificar el tiempo de los unos y los otros. El tiempo es una invención del reloj y el reloj una herramienta de los monjes medievales que lo utilizaron para diluir al individuo en la comunidad: monjes y soldados vestidos igual hacen lo mismo al mismo tiempo, un tiempo igual que no es de las alegrías y las penas de cada uno, sino el tiempo inmutable del reloj -insistía Jean Charles.

- Habladme de la tristeza.
En el mundo mueren cada año el doble de personas por suicidio que en la guerra. La tristeza mata más que las pistolas. Y, sin embargo, seguimos tratando a la tristeza con desprecio, como si fuera algo que la gente puede elegir. Se gastan millones en acabar con el consumo de cigarrillos, pero nadie hace nada por acabar con la antipatía ¡Pido subvenciones para la sonrisa! - de n0uevo la intervención de Jean Charles (Llegado a este punto en el que Jean Charles no parecía tener la mínima intención de dejar de ser protagonista, decidí ser yo la que impusiera el orden de las intervenciones y, mirando directamente a Antonio, pregunté):

- Antonio, ¿tienes miedo a soñar?
No. En los sueños no hay peligro al abrir los ojos, es en la vida en la que con cada despertar temes descubrir algo terrible que habías olvidado.

- ¿Piensas que realmente existe la locura?
Hay países enteros de locos y no los encierran. Países en que la gente lleva pistolas y tiene miedo a salir a la calle. Países, en los que a quien no tuviese miedo, probablemente lo encerrarían. El secreto está en estar igual de loco que todo el mundo, ni más ni menos.

- Entonces, ¿crees que aquel que sonríe a menudo es una persona feliz?
En esta vida sonríen mucho los que han sufrido mucho. Es una forma de disimular y un bálsamo para irse olvidando. Nadie es tan feliz como el que ya ha sufrido, porque conoce el peso del aire y sabe que en cada minuto está la posibilidad de un final.

- Piensas que la pobreza y la riqueza desaparecerán algún día? (volví a dirigirme a Jean Charles)
Tal vez algún día, los pobres se morirán de hambre y los ricos se clonarán a si mismos. Así que nos espera un futuro ideal, sin pobreza ni fealdad. Un mundo en el que solo queden los guapos y ricos. Pero entonces alguien tendrá que servirles el café y tendrán que reinventar a los pobres. Los robots nunca podrán sustituirlos, porque no da el mismo placer putear a una máquina que a un semejante. La máquina no sufre. El otro, que es igual que tú, que podría ser tú, es el que da la medida de tu poder y tu importancia. Por eso creo que resucitarán a los pobres y todo seguirá como hasta ahora. (Ofelia, se mantenía callada como si nada tuviera que ver con ella)

- Jean Charles, ¿piensas que el lenguaje nos lleva a la comunicación?
La tragedia del hombre es que está solo; por mucha gente con la que hable, siempre está solo. Vivimos solos, morimos solos. Nuestro lenguaje es imperfecto, nunca sabemos si lo que decimos significa lo mismo para el otro. Por eso la verdadera comunicación no se da por palabras.

- ¿Qué opináis de la costumbre?
El hombre se acostumbra a todo, hasta a la felicidad. No hay nada mejor que una cerveza fría en un caluroso día de verano, pero la segunda ya no proporciona el mismo placer; la octava puede que no sólo no te dé placer, sino, que te provoque dolor de barriga. Lo mismo ocurre con el amor. Te acostumbras al peso del amor hasta que no lo sientes. Crees que ya no es amor pero si pierdes a ese ser querido, te das cuenta de que nunca serás el mismo sin él; como el aire que respiras, en el que nunca piensas hasta que te lo quitan - responde Antonio de una manera resignada.

- ¿Cómo vencerías una tentación, Ofelia? (inquiero con fuerza)
La mejor forma de vencer la tentación es caer en ella. (¡Curiosa respuesta!, pensé)

... Y con una leve sonrisa, cierro el libro y quedo pensativa. Ha sido grata la experiencia de este encuentro



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Eugenia, como autora de LOS AMANTES TRISTES, ¿qué piensas de todo esto?
"Pienso que el autor de una obra no debe confundirse nunca con el narrador de la misma. Y eso a pesar de que mi admirado Saramago diga que los libros deberían llevar una faja que dijera " ¡Ojo! Este libro lleva una persona dentro" , esa persona es el autor. Pero esta es una entrevista a LOS AMANTES TRISTES y a sus diferentes narradores, no a Eugenia Rico; la autora está de acuerdo con la mayoría de las cosas que dicen los personajes de su de su libro, pero no con todas, puesto que algunas sirven para caracterizar a un personaje o a una situación. Por ejemplo, Ofelie es la que dice "derrotas a la vida o la vida te derrota a ti". La autora, que no está tan segura de sí misma como Ofelie, piensa que en general la vida siempre te derrota con la muerte, pero también tú la derrotas un poco con cada paso que das, con cada palabra que escribes"

Muchas gracias Eugenia, es un placer leerte y más aún conocerte.

Eva María Velázquez Valverde

2 comentarios:

Rafael dijo...

Muy buena idea la de la entrevista y muy original. Coincido plenamente en que la obra destaca por la concreción de ideas. Y, si me apuras, de personajes. Con frecuencia se valora positivamente en las novelas la riqueza y variedad de personajes. En "Los amantes tristes" uno de sus méritos más originales es el de haber depurado los personajes hasta construir una perfecta narración que funciona con tan solo tres engranajes. Veo la novela como un reloj con sus tres manecillas, ni más ni menos, como debe ser (no me gustan los relojes sin segundero). Tres es, además, un número clave si hablamos de amantes; puesto que, como demuestra el libro, toda pareja está formada por tres personas.
Me alegro de haber encontrado tu blog. Lo seguiré. Saludos.

Eva María Velázquez dijo...

Me alegra que te gustara. Un beso y gracias por seguir mi blog.

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