jueves, 19 de abril de 2012

A la sazón de las disculpas del Monarca

Érase una vez...

Un padre y un hijo que andaban con las labores de recogida de patatas, cerca de su casa. De repente el hijo pregunta al padre qué ha de hacer con determinado tema que le quitaba el sueño. Su padre, sin decir palabra, dejó de labrar y le dijo... Ven conmigo, y tomando al burro que tenían atado al árbol más cercano, ordenó a su hijo subir al burro. El hijo obedeció sin entender por qué su padre le hacía subir sin más contestación a su ...tema que el silencio. De esa manera cruzaron el pueblo mientras oían las críticas de quien les observaba. ¡Mira qué poca vergüenza! -decían-, un niño tan jovencico subido al burro mientras su padre tiene que ir caminando con lo cansado que está de faenar. Cuando llegaron al final del pueblo, el padre ordenó bajar del burro a su hijo y se subió él, enfilando sobre sus pasos hacia el lugar de donde provenían. Al pasar por el pueblo la gente que los observó decían: ¡No me lo puedo creer! ¡Qué poco cariño! El padre tranquilamente subido al burro mientras el pobre niño tiene que ir a pié. Entonces, dijo a su hijo: ¡Súbete conmigo al burro!. El hijo, cada vez más atónito, subió sin rechistar y sin entender qué estaba haciendo su padre, pues volvía a encaminar el burro de nuevo hacia la otra punta del pueblo. Al pasar por el centro del mismo, los amantes de los animales indignados comentaban: ¡Qué poca caridad! ¡Con lo jóvenes que están el padre y el hijo y con lo gordos que están, los dos subidos al burro! ¡Esto es inadmisible! ¡Pobre burro!. Llegado al término de las viviendas, vuelve a ordenar a su hijo: ¡Bájate!, a lo que el hijo obedece al instante mientras el padre hace lo mismo y toma al burro de las bridas. Ponte a este otro lado del burro -dijo-, y cógelo tú también de las bridas. De esa forma regresan a casa, al punto de partida inicial. Al pasar por cuarta vez por el pueblo la gente cuchicheaba y se reía: ¡Mira esos dos tontos! jajaja. Los dos a pié y el burro solo. jajaja. Cuando llegaron a su casa el padre se sentó junto al hijo y le dijo: Me preguntabas qué hacer con lo que te preocupa, pues bien, mi contestación es clara: actúa según tu criterio y tu índice de prioridades y valores, sin hacer daño a los demás, pero como tú creas que debes hacerlo, porque hagas lo que hagas... vas a ser criticado.

miércoles, 18 de abril de 2012

Cuando era niña, no era el jugar con muñecas lo que más me gustaba, sino los puzles, los juegos de mesa y cosas así. Sin embargo, tengo que reconocer que me llamaba la atención el hecho de que a todas mis amigas les gustara estar ensalzadas con los muñecos fregándolos a todo trapo con el estropajo la carita y el culete -pobre de él si fuera realmente un niño de verdad, pensaba-. Le daban de comer, fregaban contentas lo que se suponía que era la cocinita... Yo las observaba desde lejos y hasta hubo momentos en que intenté mimetizarme y colaborar en su juego, pero nada. Las vería y me preguntaba qué había tan divertido en todo aquello, en algo tan aburrido para mí. Siempre era lo mismo, el niño llora, el niño se hace pis, cambia al niño, regáñale al niño porque se ha portado mal, pégale al niño porque se ha hecho caca, haz la comida que viene pepito y tiene que estar muy rica... ¡qué estrés, Dios mío! ¡Con lo a gusto que yo estaba tranquilamente buscando el trozo azul oscuro de mar negro en mi puzle" A mí me daba igual pensar que al tal pepito no le gustara la comida que yo haría -si no le gustaba, que la hiciera él, pensaba-, igual que la casita estuviera sucia -si era una porquería de casita, entre otras cosas porque no era una casita, sino el suelo que mantenía la preciosa y diminuta vajilla que mis padres me habían regalado, de loza como estaba mandado. Era como la de casa pero pequeña, muy pequeña, con dibujos de flores y muy cursi, como debían de ser las cosas de las niñas entonces. Si fuese la casita que construía San José, otro gallo cantaría! ¡Esa sí que la arreglaría yo! Casa bonita la de el supuesto niño llorara, si fuera un niño de verdad hubiera acudido al instante, pero ¡un muñeco!, valiente tontería y aburrimiento

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