domingo, 12 de junio de 2011

Érase una vez la educación



Rondaban los años 90 cuando, en una reunión de padres, se "informó" de que iban a ser incluidas clases de Tecnología y de Ética dentro de las aulas. Era una especie de ensayo piloto que desplazaría, ante nuestros ojos atónitos, horas de asignaturas básicas como la Lengua, la Literatura y las Matemáticas. Éstas quedarían sustituidas por las anteriores (a la postre nadie sabía, ni siquiera los docentes de tales disciplinas, lo que tenían que dar en esas asignaturas, puesto que quedaban a tenor de las directrices de cada centro. Así pues, un niño podía ver que en sus clases de  Tecnlogía se les enseñaba circuitos electricos, magnetismo, etc, mientras que otro daba manualidades, o una tercera, costura).




Había llegado la LOGSE y con ella, para arreglar los males de antaño, la destrucción educativa.

Yo no lo veía muy claro, y eso que soy maestra, pero a mí me pareció todo muy raro, intuía que "había gato encerrado" y ¡ya ves si lo había!. Yo me dije: "La universidad, hacía dos décadas que había abierto las puertas de las aulas de para en par a todos los españoles que quisiésemos estudiar, fueren de la condición social que fueren, y se les había ido de las manos. Como de costumbre, en los staff-colectivos como yo les llamo, no pensaron en el más allá, sólo quisieron arreglar, sin pensar en que para arreglar una catástrofe creaban otra aún mayor, lo que sin saber y con la buena voluntad habían creado: universidades masificadas, alumnos que debían tomar a veces los apuntes en el escalón de la misma tarima del profesor por falta de espacio… Por fin todo el mundo tenia lo que tanto habían deseado, sobre todo los padres y abuelos, ser titulados, pero hubieron demasiados y no hubo otro remedio que llevar a cabo el para algunos maldito "número clausus".

Gracias a Dios, y a algún otro, las paredes de la universidad unieron a la gente y comenzó una inserción del vulgo en la jet-society, y el proletariado se volvió su propio antónimo.

De golpe nos encontramos con un escuadrón de jefes sin soldados a los que dirigir, titulados por doquier que habían gastado fuerzas, ilusión, tiempo y dinero -a veces mucho tiempo y un dinero que no tenían- sin poder acceder a un trabajo digno de sus conocimientos y de su especialidad.

Sin embargo, mientras la sociedad vivía grandes momentos, las necesidades de encontrar "peones de a pié" aumentaba; albañiles, fontaneros, torneros, electricistas, modistas, etc, eran reclamados sin tener a nadie que respondiera para cubrir estos puestos; en las almas humildes había calado la idea de que sus hijos y ellos mismos podían ser algo más, la creencia de que esos empleos eran para "otros", no para "mí" , no para "mis niños". Y todos fuimos titulados muertos de hambre, mientras que los pocos llamados “pobres e inútiles” compraban, y lo mejor… pagaban, coches que arquitectos, ingenieros, médicos,… no podían. Volvió a crearse la alarma y los staff-colectivos se pusieron manos a la obra, se sentaron una vez más a “pensar” qué hacer con nosotros. Pasados unos años, vimos el humo blanco. La idea cumbre al fin lucía.

Al conocerla supe que llegaba el momento de la muerte lúcida y vino la trampa. Nuestros herederos serían malformados para que ellos mismos, por sí solos y sin ayuda de nadie, se arrojaran al vacío. Llegaría la permisividad, la desidia, la evaluación continua sin necesidad de tener conocimientos ni de aprobados, la disminución de contenidos, la disminución horaria docente. (yo recuerdo que tenía que clases de lunes a viernes de 9 a13,30 y de 15 a 18, todos los días, y el sábado de 9 a 14, y cuando llegábamos a casa, seguíamos haciendo deberes para el día siguiente hasta la hora de la cena, si no era más allá.

Ellos no, ellos deben asistir a clase de 9 a 14 y listo, de lunes a viernes, porque tienen que estar en casa conviviendo con su familia que es lo verdaderamente importante, cuando en su casa, los padres estaban trabajando para poder salir a flote o para llevar el ritmo que les imponía la sociedad a propios hijos, ya claro, “todos lo tienen y mis niños no van a ser menos” .

Y… ¡nada de hablar de deberes! Por dios qué aberración, ¡deberes para casa!, para eso está el horario de clase, ¡que trabajen los profesores que para eso les pagan! (que ellos tampoco saben, dicho sea de paso, cómo van a coger el toro, si por los cuernos o por el rabo, de lo dislocados que los tienen con tanta porquería educativa), porque… los niñossss… necesitan tiempoooo… para descansaaar… y relajarse, ellos necesitan la tarde libre para ir a baile, a taichí, a taekwondo, a manualidades, a informática –tienen que chatear para perder el poco vocabulario que obtienen en el cole- Y ves a los niños estresados sin saber a dónde acudir. Ni saben de geografía, ni de historia, ni de mates… y por supuesto, ni mucho menos de lengua o literatura. ¡Qué tontería, total, para qué les va a hacer falta la lengua o la literatura a esos niños! ¡Si este niño va a ser astronauta!.
Lo pienso y la sangre se me hierve. ¡Pobres renacuajos los que sueñen con ser príncipes, porque ni siquiera los dejarán ser sapos feos¡, y así ha sido.
Nos llegó la LOGSE en 1990 (Ley Orgánica General del Sistema Educativo), sustituyendo a la LGE de 1970 (Ley General de Enseñanza), estableciendo la enseñanza obligatoria hasta los 14 años con la EGB (Enseñanza General Básica), tras esa fase previa de 8 cursos, el alumno accedía al BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) ó a FP (Formación Profesional); dicen que con ésto se reformó el sistema educativo desde la primaria hasta la universidad, adaptándolo a las necesidades de escolarización, pero la realidad era otra, era la imposición de un sistema carente de método y de sustancia, un sistema que formaba de forma sesgada, que malformaba, para que los niños no estuvieran preparados en su último ascenso hacia su futuro: La Universidad.



 
Y nos encontramos con niños carentes de ortografía, carentes de nivel de abstracción, carentes de concentración, carentes de análisis, carentes de sintetización, carentes de sentido práctico, carentes de buenas maneras, niños esponjas con ganas de aprender que acababan carentes de autoestima, carentes de todo; niños que podían pasar de curso con 7 asignaturas suspensas del año anterior… , niños a los que regañaban premiaban indiscriminadamente por todo. Niños sin norte y, lo peor de todo, sin ilusiones, sin esperanzas de ser alguien, niños que jamás podrían ver sus sueños cumplidos y lo peor del caso es que aún creen que la culpa la tienen ellos por no haber estudiado.

¡¡¡¡Ese era el gran truco!!!!.

Y volvieron las clases sociales, porque los padres no somos tontos y sabemos que lo que les den en el colegio no es lo que después les van a pedir para acceder a la universidad y hemos educado a niños con valores, con principios y con ilusiones, con ganas de ser más y mejores, y debemos prestarles ayuda (¡el que pueda, claro!). Y volvieron las clases particulares de apoyo (para aquellos que puedan permitírselo, claro), y llegaron poco a poco sin saberlo y sin querer las distancias conceptuales, educativas, de una manera fría e irremediable.

Y ahora, cada año en la Universidad veo llantos en “tíos como castillos” por una milésima que les faltó para acceder a sus sueños y veo a sus padres que, sin medios económicos, se estrechan el cinturón hasta que de asco y ansiedad echan el estómago por la boca con tal de que su niño sea alguien, eso que él siempre quiso ser desde chiquitillo, verlo hacer la carrera de su vida, aunque sea en otra ciudad o en otro país.

Y no hay derecho.

Efectivamente, la desmasificación de la Universidad, programada por la “jet-stupid-que entiende” ha dado resultado, pero con un precio demasiado alto, el de los sueños rotos, el de la injusticia, la impotencia y la desesperación, porque ya es demasiado tarde.


En 2006, sin pudor alguno, se nos metió la cama la LOE (Ley Orgánica de Enseñanza) y se permiten el lujo de decir que :

“La ley LOE establece una enseñanza obligatoria hasta la ESO (Escuela Secundaria Obligatoria), es decir,hasta tener los 16 años. Es posible, además, estudiar hasta el Bachiller y hacer unos estudios universitarios a elegir del estudiante.

Esta ley establece en su preámbulo que tiene como objetivo adecuar la regulación legal de la educación no universitaria a la realidad actual en España, conformada por:

• La educación infantil,
• Educación primaria,
• Educación secundaria obligatoria (ESO),
• Bachillerato, formación profesional, de idiomas, artísticas, deportivas, de adultos.

Bajo los siguientes principios:

Calidad de la educación para todo el alumnado,
Equidad que garantice la igualdad de oportunidades,
• Transmisión y efectividad de valores que favorezcan la libertad, responsabilidad, tolerancia, igualdad, respeto y la justicia, etc. “

Calidad, equidad, igualdad de oportunidades, libertad, responsabilidad, tolerancia, igualdad, respeto, justicia...

(¿Me permiten? Disculpen, déjenme sitio, voy a vomitar.)

Y nos queda, a rasgos generales, dividida la juventud, la buena juventud, en dos grandes bloques que expone magistralmente el juez de menores, Emilio Calatayud:



1 comentario:

coco dijo...

En todo tienes razón, porque conoces el tema.

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