Por las Victimas del descarrilamiento en Santiago

julio 28, 2013 Eva María Velázquez 0 Comments



Hace años que cada vez que va a pasar algo de envergadura,  yo lo he presentido. Paso la noche previa al desastre, gritando en sueños sin que nadie pueda hacer nada por despertarme. Me muero en sueños, rígida. Pasó el 11 S, pasó el 11 M, pasó con el tsunami y ha vuelto a pasar con el descarrilamiento.


No sé por qué me sucede ésto, pero me sucede, lo vivo en primera persona y ya temo dormir y que vuelvan a aparecer mis gritos en medio de la noche. Estaba allí, en una esquina, algo invisible me sujetaba, la gente corría en todas direcciones muy rápido, yo no podía saber qué pasaba, pero sentía que algo pasaba, que yo debía acudir, pero había algo que me sujetaba con todas sus fuerzas, neutralizando las mias y haciéndome entrar en un puro grito de impotencia. 

Esa noche previa yo me había quedado a dormir en su casa y mi madre acudió en mi ayuda. Dice que me encontró recta y muy rígida sobre la cama, gritando todo lo que me daba la garganta. Tuvo que llamarme repetidas veces hasta que logró que saliera de aquello que  parecía ser un sueño, una pesadilla, o una premonición como tantas otras a lo largo de mi vida. 


Al día siguiente presentaba yo mi obra en el Palacete de la Quinta Alegre e iba tan vertiginosamente el día que apenas lo comenté con un par de personas. Llegó la tarde noche, subí a escena y cuando terminé alguien me anunció el descarrilamiento. Entonces tampoco caí en lo que había pasado la noche anterior, pero de nuevo, como siempre sucede, al ver las noticias en la TV recordé todo y me entró pánico. ¿Por qué vivo yo los desastres la noche previa a ellos? 

Ni idea, sólo sé que me da miedo ya a soñar y también que si algún día nos pasara algo en casa, nadie acudiría, porque con tanto grito y tan fuerte a las 4 de la madrugada, las ventanas de par en par y soledad y silencio absoluto en las calles,  nadie acudió, nadie llamó a la policía para que viera qué estaba pasando en mi casa, nadie. 

Podía haberme caído y tener un dolor inmenso que me impidiera levantarme, podían haber entrado en casa ladrones y amenazarme y violarme, podía haber tenido una pareja mal tratadora y que me estuviera matando, podía, podía, podía... menos mal que era podía y no fue, porque no hubo ni un sólo vecino del barrio que hiciera nada. 


Ojalá nunca más vuelva a pasar porque eso será señal de que todo está bien.


Hoy quiero unirme al dolor de familiares amigos y compañeros de las víctimas de Santiago. No hay palabras que puedan expresar la impotencia y desesperación que da al contemplar las imágenes. DEP

Estamos con vosotros, amigos. ¡¡¡Granada entera estamos con vosotros!!!


Espero de corazón que no haya más víctimas y que  los que estáis debatiéndoos entre la vida y la muerte, salgáis de ésta cuanto antes. 


Dios os bendiga a todos.
Un abrazo.







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